A estas alturas, recién comenzado el mes de Octubre, sus palabras resultan poco menos que banales pese a que vengan adornadas de una sensatez admirable. «Se asciende en Mayo» «Mi puesto está cuestionado desde que llegué» «Sé cómo funciona esto». Da igual. Nada ni nadie puede negar una realidad que se hace cada jornada más detectable, el Levante UD no funciona. La última derrota sufrida frente al FC Andorra de Eder Sarabia por 3-1, retrata a los granotas. Mehdi Nafti no está sabiendo manejar el buque del Ciutat. La mejor plantilla de la categoría de plata no juega a absolutamente nada.
Cuatro minutos, ese fue el tiempo que les costó a los locales hacer que la escuadra de Orriols se viese reflejada en el espejo tal y como realmente es, un equipo sin DNI. Así no se va a ningún lado, ni en la Liga Smartbank ni en ninguna otra categoría que se precie. La afición ya ha dirigido su justificado disgusto, no solamente hacia el actual entrenador, sino a otros dos. Felipe Miñambres, cuyo crédito empieza a ponerse en duda, y Quico Catalán, quien de seguir la situación así, acabará siendo tildado por más de un@ como el Pedro Villarroel 2.0, lo cual no es decir precisamente poco, y a sabiendas de cuánto ha hecho por el club. Más pruebas de que el engranaje no encaja imposible.
Las nubes negras empiezan a encontrar en Orriols un lugar ideal para instalarse. Un equipo que no funciona, un entrenador que ya no convence a casi nadie pese a su sensatez y diplomacia, un director deportivo cuyas decisiones estivales están comenzando a provocarle resbalones, y un presidente aspirante a vislumbrar cualquier ciclo anterior como una bendición comparado con el presente. El Levante UD está enfermo, deportiva, económica, institucional y espiritualmente. O se produce un cambio radical, o como dice Bilbo Bolsón en el prólogo de El Hobbit, Un viaje inesperado: «Donde prospera la enfermedad, se desencadenan los infortunios»
MACHO LEVANTE