Una semana después de ilusionar a su parroquia con un 5-1 frente al Getafe, el Valencia CF retornó a ese bipolarismo característico de un equipo del que nunca sabes con qué rostro va a plantarse sobre el terreno de juego. 2-1 cayó derrotado en Vallecas. Con Giorgi Mamardashvili siendo, cómo no, el mejor de los suyos claramente. La escuadra de Gennaro Gattuso por no merecer, ni siquiera mereció el gol del honor que, para más ironías futbolísticas, fue anotado por Mouctar Diakhaby. Nada más que decir al respecto. Salvo que era casi el minuto 94 y el Rayo Vallecano de Andoni Iraola no iba a permitir más milagros.
A saber qué les dijo el Míster a sus jugadores che durante los quince minutos de descanso. Fuera lo que fuese, queda claro que resultó insuficiente. Una vez más, y ya es tradición, el Valencia CF ha demostrado ser un conjunto alejado de toda lógica. Es literalmente imposible saber con qué cara va a salir a jugar. Nadie hubiera previsto el 5-1 frente al Getafe la jornada pasada. Del mismo modo que, si un equipo viene de golear a otro y coge oxígeno en forma de motivación, se espera que prosiga de dicha manera, no que salga al campo a echarse la siesta. El Rayo Vallecano no precisó siquiera de vaciarse del todo. Le bastó con ser un equipo astuto y acertar con algunas de las más claras que tuvo. Concretamente en los minutos 5 y 52 de encuentro.
Nueva derrota, ilusión esfumada y regreso de las nubes negras. El próximo rival antes del parón es un Celta de Vigo que visitará Mestalla pocos meses de hacerlo por última vez. Sobran los pronósticos, es imposible determinar con qué cara saldrán los che. A saber. Un factor a tener en cuenta no obstante, es que la paciencia de la afición de Mestalla no es infinita, ni mucho menos. El Valencia CF ya está avisado de lo que hay. Aparte de que el Celta y su buen comienzo demuestran que, quizás son bastante dependientes de la actuación de su estrella, Iago Aspas, pero el resto del equipo celeste no es precisamente cojo. ¿Con qué actitud saldrá el Valencia CF? Es lo que tiene su bipolarismo tan tradicional, ni el más sabio lo acertaría. A la familia che le toca volver a esperar mientras carga con otra decepción.