Llámese «hay vida después de Guedes y Carlos Soler». Llámese orgullo. Llámese que David Soria fue un amigo en la mitad de los goles. Llámese que a Quique Sánchez Flores no se le da nada bien Mestalla, además de que al de Madrid, le haría una gran ilusión volver a entrenar al conjunto che. Llámese sencillamente que el Valencia CF tenía unas ganas inmensas de solventar la crisis de resultados y disipar las dudas sobre los fichajes, Gennaro Gattuso y el bloque en sí. Sea como fuere, la escuadra valencianista salió en tromba y protagonizó poco más de un cuarto de hora mágico en la primera mitad de su último choque. Obra de las botas de un Toni Lato que quiere protagonismo esta temporada, un Samuel Lino que puede colgarse la etiqueta de sucesor de Guedes, y un Samu Castillejo que pretende vivir su segunda juventud.
El caso es que Mestalla, tras el cierre del mercado estival, vivió con su equipo una de las noches más apacibles y alegres en muchos meses. 5-1 golearon los locales sin piedad a un Getafe que se convirtió en el muñeco de trapo perfecto. Tanto fue así que a Arambarri le dominó la impotencia y acabó expulsado en el 95, con todo el pescado vendido. Hugo Guillamón y Yunus Musah con dos asistencias cada uno, Nico González y un Hugo Duro que reapareció antes de tiempo, fueron los demás protagonistas. Los dos últimos redondeando la noche en tres minutos con el cuarto y quinto gol. Gastón Álvarez marcó el del honor para un conjunto azulón que está protagonizando un inicio verdaderamente preocupante. Mucho ojo a Quique Sánchez Flores, porque podría no comerse los turrones si su equipo no reacciona.
Quien sí ha reaccionado y de lo lindo, ha sido el Valencia CF, demostrando que más allá de cualquier nombre, el escudo es lo más sagrado. Aparte de la afición. Lo último es lanzar campanas al vuelo por un solo partido, pero si la escuadra che va a tratar de mostrarse en cada encuentro igual de contundente, el principal objetivo, permanecer con toda la tranquilidad del mundo mundial, debe ser calificado como muy factible. Todavía queda muchísimo, pero los de Gennaro Gattuso tienen claramente dicho deber, mostrarse como los reyes del corral liguero en el que habitan la mitad o poco más de los equipos de la Liga Santander, y que tienen como meta la supervivencia en la categoría. Pase lo que pase, una cosa queda muy clara, hacía mucho que no se vivía una noche tan placentera. Un rodillo llamado Valencia CF, un amigo de nombre David Soria y la siempre renovada esperanza, fueron las principales causas.