LA ARGENTINA DE LIONEL SCALONI ES COSA MUY SERIA

Segundo título de la era Lionel Scaloni, tercero en el ciclo de Leo Messi. Al Oro Olímpico de 2008 en Pekín y a la Copa de América lograda hace un año, La Albiceleste suma un nuevo triunfo, La Finalissima de la CONMEBOL-UEFA disputada en Wembley que enfrentaba a quienes triunfaron en América del Sur y Europa. 0-3 para Argentina y no fueron ocho en contra de Italia por los cuatro paradones heroicos de Donnarumma y porque los pupilos de Scaloni acabaron por gustarse tanto que les sobro un pase en otras tantas jugadas. El mejor homenaje posible a Diego Armando Maradona en un encuentro donde Argentina ha demostrado el por qué de sus ya 32 partidos sin conocer ni una sola derrota.

Ni siquiera el cancerbero Azzurra impidió que un robo de balón clamoroso dejase a la selección transalpina retratada y diese lugar al primer jugadón de un Leo Messi que parece que en los últimos años de su carrera brilla por y para La Albiceleste. La Pulga hizo suyo el carril izquierdo dejando atrás a su marcador y puso un balón perfectamente medido para que Lautaro Martínez, otra pesadilla para Italia, hiciese el merecido 0-1. Fue el gran inicio del definitivo fin para una Italia que, un año después de haberse ganado el cariño del Planeta Fútbol en Wembley adjudicándose más que merecidamente la Eurocopa 2020, cuajó uno de sus partidos más ridículos de su historia, justamente en el mismo estadio donde se coronó. Al fútbol no se le agotan las ironías.

Efectivamente, lo peor para Italia estaba todavía por llegar. Los de Roberto Mancini no conseguían estar ni mínimamente cómodos, por cada jugador italiano parecían haber tres o cuatro del combinado de Lionel Scaloni. Argentina era la viva imagen de lo denominado estricta disciplina, trabajo grupal y sacrificio, sus jugadores ostentaban el estatus de omnipresentes y en defensa se sacaron una matrícula de honor. Ante semejante panorama, una posibilidad se destacaba por encima de cualquier otra, el 0-2. Arribó en el momento más duro, a segundos del descanso.

Y menudo gol. Emiliano Martínez sacó, otro Martínez, Lautaro, controló el balón y habilitó a un futbolista que no se cansa de hacer magia, una bendición para Argentina y un regalazo para el fútbol, Ángel Di María. El dorsal 11 argentino se plantó con la sangre fría propia de un jugador histórico ante Donnarumma, al que conoce sobradamente. La picadita con la zurda que le dedicó al cancerbero italiano es simplemente para quitarse el sombrero. Al de Castellammare Di Stabia le esperan unas cuantas pesadillas, y mucho ojo, hablamos del héroe entre los suyos.

Porque en la segunda mitad, si no hubiese sido en muy buena medida por sus paradones, Argentina habría logrado al menos media docena de goles a favor. Evitó que Bonucci sentenciara de muy mala manera el choque con un autogol, salvó el tercero poco después tras un lanzamiento de Di María que tocó casi letalmente en Emerson, otro de los pocos de Italia que pudo librarse de la quema. No contento con esas dos hazañas, repitió sacando un balón con aroma a segundo golazo de Di María, que conectó un zapatazo a lo Zidane, pero le salió centrado. Minutos después, al 69 concretamente, impidió que Messi alzara de sus asientos a medio Wembley, pues el cancerbero voló para despejar el enésimo zurdazo mágico del 10. Entre eso, más las que Argentina perdonó, Italia tuvo que dar gracias a no ser legendariamente humillada con una especie de Wembleyazo.

Ni eso impidió la última sinfonía Albiceleste. Messi volvió a hacer de las suyas, atrajo a todos los defensores y se perfiló para disparar. Tan pendiente estaba la defensa de La Pulga que se olvidaron que Lionel Scaloni ha conseguido lo que nadie en muchos años ¡Que Argentina sean once jugadores sobre el cesped en lugar de diez sirviendo a uno! Paulo Dybala, quien salió en el tiempo de prolongación, pilló en paños menores a toda Italia y conectó un zurdazo magnífico y ajustado frente al que ni Donnarumma tuvo opciones. 0-3 y noche redonda para una Argentina que manda un mensaje claro. Con unión, disciplina, carácter, fortaleza, sacrificio y calidad en los metros finales, se ganan títulos. Argentina ha hecho suya la antesala, pero quiere llegar al centro de todo.

Publicado por Miguel Ávalos

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