No va arreglar lo estropeado, el daño ya está hecho y toca resetear. Sin embargo, el comportamiento del Levante UD en estas dos últimas jornadas de La Liga ha sido ejemplar. Sabiéndose descendida, la escuadra Granota podría haberse dejado llevar incluso en los partidos que le restaban por jugar, pero no. Lejos de adoptar esa actitud, los que han sido pupilos de Alessio Lisci saltaron al cesped con la intención de disculparse ante la afición de Orriols por haberla fallado.
Y es que institucionalmente hablando se podrán lanzar toda clase de dardos contra Quico Catalán y sus antiguos brazos diestros, Manolo Salvador y David Navarro. En los banquillos algo de culpa tendrán Paco López y Javier Pereira. Sin embargo, quienes juegan en el verde son los futbolistas, y la mayor parte de ellos tampoco han estado a la altura del escudo, así de claro. Muy pocos se salvan. Eran y son muy conscientes cada uno de ellos. La victoria frente al Alavés podría haber supuesto una especie de «más que suficiente», no obstante y nada más lejos de la verdad, el Levante UD saltó al estadio de Vallecas dispuesto a adjudicarse el más pequeño de los caramelos, evitar convertirse en el farolillo rojo. El 2-4 logrado frente a un histórico Rayo Vallecano le otorga ese derecho.
Con Morales y Melero como hombres del partido, y Roger y Coke haciendo historia, los Granotas despiden el curso y a la Primera División con honor. Ojalá estos dos últimos partidos representen una señal. Sea como fuere, el Levante UD debe sacar muchas conclusiones de esta temporada en todo. A nivel institucional, a nivel de banquillo y a nivel futbolístico. Lo que se ha hecho mal en todas las parcelas mencionadas, así como lo que se ha hecho bien, está anotado. Los ingredientes para tratar de conseguir que el regreso a la máxima categoría solamente dure diez meses están sobre la encimera. El resto consiste en utilizarlos y hacer bien la mezcla. ¿La recompensa? Un excelente festín dentro de un año.
MACHO LEVANTE