Si alguien quería una prueba definitiva de que Alessio Lisci ha cambiado la cara de este equipo en calidad de entrenador, y de que los jugadores y la afición creen que aún es posible obrar el milagro, debe visualizar en diferido el partido que el Levante UD realizó frente a ese señor conjunto llamado Real Sociedad. Suponiendo que no lo haya visto en directo. Volvió el Levante gladiador, ese al que no le importa el adversario que tenga delante suyo, el que el Ciutat merece toda la temporada próxima al completo, juegue en Segunda o en Primera. Por lo pronto, el Levante UD se niega a aceptar que su destino sea formar parte de la categoría de plata, insiste en lo contrario.
Y es que se debe tener una convicción verdadera a estas alturas de Liga y un espíritu de guerrero indomable para lograr superar por 2-1 a una Real Sociedad que, si no fuese por tres largueros, Dani Cárdenas salvando una picadita maestra frente a Isak, y Son sacando bajo palos un gol cantado, se hubiese llevado los tres puntos pese a la gran batalla que los Granotas propusieron durante noventa y cuatro minutos. Sin embargo, esto es fútbol, ya se sabe cuál es la máxima regla dictada por el deporte rey, y fue la escuadra de Alessio Lisci la que anotó dos tantos en lugar de uno. Jorge Miramón con un derechazo por bajo abrió la lata y Gonzalo Melero desde el área de castigo sentenció al equipo Donostiarra.
En acta debe constar que los de Imanol Alguacil no fueron los únicos que pudieron anotar más dianas, pues ahí estuvo un porterazo como Álex Remiro para salvar tres ocasiones muy claras en modo muralla. Al final todo se resume en un genial partido donde el poder del gol volvió a manifestarse como lo más sagrado. El Levante UD declara negarse a su fatal destino. Esté donde esté la temporada que viene el conjunto Granota, hay algo innegable, este es el Levante reconocible, el auténtico. Hablando cristalino, el Levante que el Ciutat merece.
MACHO LEVANTE