Luchó el Betis, lo intentó. Sobrevivió a los acosos del Eintracht Frankfurt, incluidos dos sustos de los gordos en forma de lanzamientos al palo por parte de Knauff y Kostic. Este último tras una falta que provocó que el balón se envenenara. A pesar de tener que redoblar esfuerzos, los Verdiblancos de Manuel Pellegrini no solamente resistían a las llegadas por parte de la escuadra alemana, sino que tuvieron las suyas. Miranda en el primer tiempo y de Borja Iglesias en el segundo protagonizaron las más destacadas. Sin embargo, El Panda siempre aparece, y en el minuto 90 de partido iluminó las esperanzas béticas poniendo el 0-1 y la igualada en la eliminatoria.
Lamentablemente, el propio Borja Iglesias pasó de héroe a villano, al errar en el minuto 108 la ocasión que pudo haber significado el segundo bético y la clasificación para los Cuartos de Final. Con todo a favor, la estrelló en el larguero. A eso añadámosle algo eterno. Los equipos alemanes son gatos, tienen siete vidas, y el Eintracht Frankfurt de Oliver Glasner había gastado seis. Le quedaba una. Llegó en el momento más cruel de todos, cuando la tanda de penaltis parecía incluso la mejor solución. Una falta lanzada por los locales, y mal defendida por los de Manuel Pellegrini, permitió al central austriaco Hinteregger convertirse en el gran protagonista del partido y la eliminatoria.
El fútbol es precioso, pero a la par muy cruel. Lo pudieron comprobar en carne propia y respectivamente el Eintracht Frankfurt, que sigue adelante, y un Betis que, lamentablemente, deberá aguardar a otra edición de la UEFA Europa League más propicia. Salvo algo de concentración en esa jugada final, nada que reprochar al bloque del Benito Villamarín. Ha dado la cara compitiendo y ha tenido en sus botas, además de en la cabeza de Borja Iglesias, remontar y clasificarse. No pudo ser. El equipo Verdiblanco y gran afición tendrán que esperar.