Ni quince minutos. Solamente diez. Esa fue la duración de la esperanza que el Lille tuvo cuando Yilmaz marcó en el 38 de partido el 1-0 desde los once metros. Parecía que el conjunto francés podía pelearlo, daba la impresión de que un solo gol de diferencia no era nada insalvable. La esperanza es lo último que se debe perder. Otra cosa es que en el fútbol, el equipo contrario te la arrebate por méritos propios y sentencie lo casi sentenciado. Ese es el Chelsea, gen ganador por excelencia desde que se convirtió en un grande de élite.
Pulisic puso en el descuento del primer periodo el 1-1 tras asistencia de Jorginho. Se acabó. No porque el Lille no creyera, sino porque diez minutos después de recibir su único gol en contra, el Chelsea no se lo permitió más. Todo cuanto trató de hacer el bloque local para evitar lo inevitable fue banal. Hasta el punto de que los Blues se permitieron ganar el partido con el tanto de Azpilicueta en el minuto 71. 1-2 y fin de una historia que, realmente quedó casi escrita al finalizar el partido de ida.
El Lille ha sido un equipo muy digno en esta Champions, no es fácil en absoluto ser campeón en un grupo como el suyo. No obstante, este Chelsea es tema aparte. No importa la temporada, los ingleses son ganadores de pura cepa desde hace mucho tiempo. Por no hablar de que defienden corona en esta edición de la Champions, tras ganar la campaña pasada su segunda orejona. Supongo que no hará falta mencionar lo que la familia Blue piensa…¡Correcto! En el viejo refrán numérico «No hay dos sin tres»