Si el Levante UD debe depender de los goles de un delantero como Dani Gómez, quien sigue sin ganarse a día de hoy los galones, ya no hacen falta más señales como la que se dio en el último partido del Ciutat de València, un paraíso para la mayoría de los equipos restantes de Primera División. El 1-1 tan estéril frente al RCD Espanyol, así lo demuestra. Los jugadores tenían frente a ellos una final, y no la pudieron ganar, hicieran lo que hicieran. El Levante UD debe reinventarse.
Hace gracia también oír a Alessio Lisci quejarse de un penalti y hablar tranquilamente de ello, pero queriendo referirse al hecho de que al Levante UD le iba la vida en dicha jugada. No Alessio, lo que debes preguntarte, pese a no ser culpa tuya, es por qué estos jugadores han sido literalmente incapaces de ganar un solo encuentro en toda una vuelta de campeonato. Ahora de pronto, resulta que en cada partido se dejan el alma y no ganan por culpa de terceras circunstancias. En San Mamés era «Tampoco se pueden ganar todos los partidos» y en el Ciutat ante el Espanyol «son dos puntos que ya no volverán».
El Levante UD está así fruto de un proyecto fracasado y formado por unos jugadores que ya no pueden más, aparte de haberse hundido psicológicamente con las Semifinales de la Copa del Rey 2020-2021, y ser completamente incapaces de ganar en la primera vuelta de la presente campaña. Hablando claro, este equipo se encuentra donde merece y con los puntos que tiene. No son los árbitros Alessio, sino méritos propios. Más bien en este caso, deméritos.
MACHO LEVANTE