Tras el partidazo realizado por el Atlético de Madrid, que se entrega con pasión, pero corriendo riesgos al no rematar la faena, y la inoperante imagen mostrada por un Manchester United cuyo juego haría incluso que los buitres se echaran la siesta, pero que desprende una calidad individual tan mayúscula que a la menor oportunidad te chafa los esquemas, el 1-1 final es un doble palo para el conjunto del Cholo Simeone, tanto moral como literal, pues hay que tener en cuenta los dos largueros. Para los Diablos Rojos es simplemente un botín que brilla como el oro.
El Manchester United solamente sabía atacar por orgullo, con Rashford, Bruno Fernandes, Jadon Sancho y Cristiano Ronaldo prácticamente desaparecidos del mapa. Tuvo que ser un chaval de 19 añitos tremendamente prometedor, Anthony Elanga, quien en un descuido de la defensa rojiblanca ajusticiase cruelmente al bloque Colchonero. Ya sabemos de en qué consiste este deporte. El Atlético de Madrid tendrá que hacer frente a ese infierno apodado el Teatro de los Sueños, Old Trafford, y a sabiendas de tener prohibido errar en las dos áreas, defendiendo y atacando. Lo que pudo haber sido un 3-0 o un 4-0 acabó en un regalo inmenso para un Manchester United que afrontará la vuelta respaldado por su gente.