A estas alturas hay que empezar a reconocerle al Levante UD esos méritos llamados tristes. Y es que para un equipo moribundo que firmó su acta de descendido cuando el 2021 concluyó debe tener algo de mérito marcarle dos dianas a un señor equipo como el Betis, ponerse 2-3 en el marcador y provocar algo de emoción pese a que un tal Nabil Fekir marque un soberbio golazo de falta directa y ponga punto y final a una revolución que jamás llegó. Caso aparte la expulsión de un Soldado que se ha convertido en un fichaje sin pena ni gloria.
El Levante UD que se preocupe por disfrutar lo que le queda en Primera División, cuando empiece la 2022-2023 en Segunda División será momento del reseteo, apuntar alto para formar un proyecto con el que ascender directamente y que la temporada 2023-2024 suponga un nuevo comienzo en la máxima categoría del fútbol español, casi como si nunca hubiese pasado nada. En lo que respecta a la campaña actual, toda victoria que pueda venir será poco menos que una página de oro, tristísimo, cuan cierto es, pero la realidad en la que el club de Orriols se ha instalado es esa. Vendrán tiempos mucho mejores, pero ahora hay que soportar el presente. Ajo y agua.
MACHO LEVANTE