Abran paso a Suiza. A partir de ahora, esta selección deja de ser una cualquiera. Deberá ser tenida en cuenta como candidata a revelación en todo torneo que juegue. Más aún si prosigue por la senda en la que camina. Los Rossocrociati se han convertido en un hueso terrible para cualquier rival, desde el principio del torneo mostraron un nivel excelso como bloque. Empezando por una condición física envidiable y una capacidad táctica que la hace jugar prácticamente de memoria. Además de, tal y como manda el Fútbol, un acierto goleador notorio. Virtudes que ha trabajado y que le han valido para demostrar que podía ser capaz de plantar cara a cualquier rival que tuviera enfrente. Gales y Turquía ya lo pudieron comprobar e incluso Italia tuvo que trabajarse mucho su goleada frente a Los Helvéticos.
En esta ronda de los Octavos de Final llegaban con nada que perder y mucho que ganar, pero sobre todo, con ganas de demostrar que podían ponerles las cosas muy difíciles hasta el final incluso a las mejores de Europa. Francia, Les Bleus de Didier Deschamps, la actual campeona del mundo, aquella de la que desde hace mucho tiempo se dijo que era la clara favorita a alzarse con el cetro de la Eurocopa 2020, esa misma Francia fue su rival. Suiza parecía la piedra de toque perfecta para que la selección francesa surgiese del todo, pues su torneo, si bien no era en absoluto malo, tampoco estaba siendo todo lo imperial que se presumía en un principio. Caso aparte su Grupo F, Alemania y Portugal eran escollos muy fuertes nada más comenzar y Hungría demostró ser muy incómoda. Sin embargo, todo el mundo esperaba a la Francia que hace tres años logró conquistar el Planeta Fútbol.
No fue lo que ocurrió. En lugar de eso, en el Estadio Arena de Bucarest se vivió una verdadera locura de partido, un espectáculo sorprendente. Francia se encontró de frente con una selección que salió sin complejos, decidida a que aquella noche fuese recordada como una fecha dorada para la historia del fútbol. Lo consiguió, Suiza logró dicha machada. Un 3-3 fue el marcador que el electrónico reflejaba cuando los 90 minutos reglamentarios más el descuento se agotaron. Misma situación en la media hora de prórroga.
Los penaltis acapararon el verde. Uno de ellos ya lo hizo en pleno partido, pero en la tanda hubieron más nombres propios. Empezando por los jugadores de Suiza que acertaron todos y cada uno de los cinco que dispusieron en la tanda, y finalizando por un Mbappé y un Sommer que protagonizaron la escena del último lanzamiento desde los once metros. La estrella de Francia sufrió una de sus mayores decepciones en su carrera. El guardameta suizo se elevó a los cielos y con él lo hizo toda una selección, toda una afición y todo un país para el que ya nada será igual. El Fútbol ya ha identificado a Suiza.
El marcador del final del partido fue totalmente justo. El destino quiso que en la tanda de penaltis Suiza se llevase la gloria. No obstante, hay que hablar de la forma en que transcurrió este encuentro tan increíble. Los iniciales minutos de tanteo fueron reemplazados por llegadas con peligro de ambas, en especial de Francia. No obstante, las dos habían salido muy entonadas, Les Bleus dominando, pero Los Rossocrociati magníficamente situados en el campo, presionando sin cesar y con un peligro inminente en los centros al área y a balón parado.
En el minuto 15 de partido, ante el asombro de buena parte del público, Suiza empezó a escribir el relato de su machada. La selección de Vladimir Petkovic construyó desde la parte izquierda, Zuber puso un centro al corazón del área y Seferovic se alzó para cabecear y superar a Lloris. 0-1 y delirio en la afición helvética, que de pronto veía posible una noche inolvidable. Durante casi un cuarto de hora Francia intentó sin éxito igualar la contienda. Tuvieron ocasiones claras Pogba, Mbappé y Rabiot. Ninguno de los tres consiguió el empate. Suiza buscaba sin cesar el hueco que le permitiera llegar de nuevo a las inmediaciones de Lloris y batirlo por segunda vez. Si en el minuto 41 Embolo hubiera controlado bien un balón que olía a gol, esa segunda vez se hubiese podido presentar. El descanso llegaba con las páginas de la historia reverenciando a Suiza.
La segunda mitad se presentaba. Francia trataba de elaborar la jugada que le diese el empate, pero quien se quedó muy cerca de lograr su segundo tanto fue Suiza. La selección de Vladimir Petkovic volvió a llegar desde la parte derecha, Embolo consiguió introducirse en el área y optó por el pase a Seferovic antes que por el chut. El dorsal 9 de Los Rossocrociati no pudo alcanzar el balón. Era el minuto 50. En el 53 fue cuando los penaltis empezaron a acaparar el protagonismo. Uno fue pitado a favor de Suiza y Ricardo Rodríguez tuvo la ocasión de poner tierra de por medio, pero eso de llevar el dorsal 13 a la espalda tuvo su aquel. Lloris mantenía viva a Francia.
Comprobando en sus propias carnes que Suiza era una rival terrible y que seguían por debajo en el marcador aún con su favoritismo, Les Bleus de Didier Deschamps despertaron y sacaron a pasear su repertorio de talla mundial. Primero Mbappé, tras una asistencia de Pogba, falló una clara en el 56 de encuentro, pero en los tres minutos siguientes Francia acertó de lleno y remontó. Mbappé hizo de asistente, Benzema recibió el balón y se marcó un gol de filmoteca. Con un toque con la pierna de atrás se hizo un autopase y finalizó con una picadita sobre Sommer. 1-1 en forma de obra de arte. Al 59 el triunvirato se encontró. Griezmann y Mbappé combinaron y el primero asistió a Benzema para que anotara su doblete y el 2-1 en el marcador. Francia remontaba.
Los siguientes minutos fueron de los peores para una Suiza que tuvo que rehacer filas y contener la embestida de una Francia que buscaba el tercero y la sentencia al partido. En el minuto 67 Pogba sirvió un balón inmejorable a Mbappé, pero el 10 de Les Bleus no tenía su noche de cara al gol. Al 68 Suiza estuvo cerca de arruinarse con un gol en propia meta. En el minuto 69 Francia hizo otra gran jugada colectiva y logró un córner que merece ser mencionado, pues fue la jugada que precedió al show de Pogba para el 3-1. 24 metros de distancia, con la diestra y llevando una rosquita mágica con destino a la escuadra de Sommer. Pedazo de gol. La historia de Suiza parecía acabar de escribirse en ese momento.
Pero no. Poco después de que Coman fallara en su intento de marcar un golazo similar al de Pogba, en el minuto 81, Suiza retomaba la escritura de su hazaña. Mbabu puso un centro medido para que una vez más Seferovic apareciese y cabeceara al fondo de la portería. 3-2, Suiza y su afición seguían creyendo. Y resulta que quien cree puede llegar a la meta. Al 90 de partido, tras una pérdida de balón de Pogba, Suiza montó la que era una de sus dos últimas jugadas. Gavranovic rompió a Kimpembe con un espectacular recorte y batió a Lloris con un latigazo que se coló por el palo que cubría el portero. No era un sueño, sino la pura realidad, 3-3 lograba empatar Suiza. Ambas selecciones disfrutaron de una última ocasión. Por muy poco Mehmedi nos ahorra la prórroga tratando de picar el balón por encima de Lloris, y segundos más tarde el larguero le dijo a Coman que se olvidara de ser el héroe.
Acababa el tiempo reglamentario y el partidazo histórico que el Estadio Arena de Bucarest presenciaba llegaba a la prórroga. La ola de todo el campo al 99 de partido reflejaba el sentimiento de las dos aficiones, que se lo estaban pasando en grande a la vez que sufrían de lo lindo por sus selecciones. Una primera parte muy equilibrada y con ocasiones manifiestas para las dos, fue reemplazada por una segunda en la que Francia tomó las riendas y dispuso de varias oportunidades para evitar la tanda de penaltis.
Destacan la del minuto 109 y la del 114. En la primera, Kanté y Coman dieron espectáculo, pero confiaron en un Mbappé que no tenía fina la puntería. En la segunda Pogba dio un pase de vicio a Thuram y este centró para que Giroud rematase, pero, ironías del fútbol, Mbappé desbarató sin querer la ocasión. Sommer atajó la última de Francia por parte de Giroud y llegó el momento inevitable. Justicia por otra parte. La tanda de los lanzamientos desde el punto de penalti acaparó el escenario. La suerte estaba echada.
Y entonces, Suiza terminó su relato con letras de oro. Gavranovic, Schär, Akanji, Vargas y Mehmedi se convertían en leyendas. Sin embargo, faltaba alguien más, y no era otro que el guardameta Sommer, quien siempre podrá decir que le detuvo de manera formidable un penalti al jugador que se supone va a marcar una época en esta década en la que vivimos actualmente, Kylian Mbappé. Desolación para el 10 de Les Bleus, para sus compañeros y para toda Francia. Gloria para una Suiza histórica, que ha demostrado que con trabajo, sufrimiento, optimismo y persistencia, los objetivos y los sueños se pueden lograr.
Saluden a Suiza, ya no volverá a ser una cualquiera nunca más. Es una selección muy admirable, está en los Cuartos de Final de la Eurocopa 2020, no se quiere quedar ahí y tiene mimbres para llegar aún más lejos.