El Estadio Hampden Park de Kobenhavn fue testigo de un partido digno de figurar en los anales de la historia del Deporte Rey. La Eurocopa 2020 ya estaba siendo de por sí muy emocionante, pero le faltaban los toques finales, partidos como el que nos ofrecieron Croacia y España. 3-5 a favor de La Roja, se dice pronto, pero así fue en un partido al que no le faltó de nada. Uno de los mejores de este torneo tan apasionante contando desde la primera hasta la última edición.
Croacia fue una muy digna rival, tremenda casta la de Los Kockasti. Fue tan digna tanto por ese motivo como por el hecho de que España le dio alas sin quererlo. Unai Simón interpretó los dos roles, el de villano y héroe. Su pifia ya es la número uno del torneo, muy difícil y hasta casi imposible que haya otra igual. A posteriori el cancerbero de La Roja daría un recital de tres paradones, a cada cual más decisivo para que la selección de Zlatko Dalic no proporcionara disgustos aún mayores y La Roja viera su camino un poco más allanado.
Cuando mejor estaba España, Croacia tomó la delantera. Cuando parecía que Los Kockasti tenían el partido en el bote, la furia del combinado de Luis Enrique despertó, y con ella afloró su acierto goleador. Dicho sea de paso, otra vez de forma descomunal, no todos los días se logra marcar diez goles en dos partidos. Cuando daba la impresión de que a La Roja no se le escapaba el choque, los croatas sacaron su casta y genio, igualando la contienda y trasladando el partido a la prórroga. Finalmente, cuando Croacia era la que había salido más entonada, Unai Simón realizó su mejor parada y encendió de nuevo las luces de sus compañeros, quienes encabezados por el revolucionario Dani Olmo anotaron otros dos goles que reflejaron el marcador definitivo. Lo dicho, una locura. Croacia se marcha con todos los honores, pero, ¿España? La Roja se ha ganado la etiqueta de candidata.
Si alguien llega a pronosticar un partido y resultado así, se vuelve millonario. No será porque España racaneara. La Roja salió muy enchufada. Croacia era la que tenía que situarse lo mejor posible en el terreno de juego aguardando la oportunidad de salir en tromba, pero el combinado de Luis Enrique no tenía ninguna intención de permitirlo. Solamente en los cinco primeros minutos se pudo comprobar. Al 5 de partido Morata peleó como un gladiador por la pelota y la ganó, cedió para Gayà y este centro, pero Koke no pudo rematar acertadamente. En minuto 12 llegó la primera ocasión. Morata asistió a Sarabia y este disparó con todo, no obstante el cuero fue a parar al lateral de la red.
Solamente existía España en el primer cuarto de hora, pero lo que vino a posteriori fue inaudito. Al 15 Koke recibió un pase exquisito de Pedri, pero perdonó el que era el primer gol de La Roja. El guardameta croata Livakovic fue el héroe de su selección. En el 18 de partido pudo abrir la lata España con un centro de Ferrán Torres, sin embargo, Morata no llegó a cazar el balón. Ya se sabe que quien perdona lo paga, pero a veces la forma de afrontar ese castigo es muy cruel. España cargó con ello. En el minuto 20 llegó la pifia de la Eurocopa 2020. Pedri cedió para Unai Simón, solamente el cancerbero sabrá qué le pasaba por la mente, el caso es que el esférico se le escurrió por la bota derecha y se alojó dentro. 1-0, regalo inmenso para una Croacia que apenas sí existía.
Los Kockasti de Zlatko Dalic sintieron la adrenalina en vena y activaron sus motores. No marcaron en el minuto 24 de partido debido a que Vlasic mandó el cuero al lateral de la red, tampoco lo hicieron en el 25 porque quizás Kovacic se llenó de balón. Se empezaba a mascar el segundo y la posible sentencia croata. Sin embargo, La Roja de Luis Enrique se recompuso poco a poco y comenzó a llevar de nuevo el encuentro a su terreno. Un incisivo Gayà probaba fortuna al 36 de juego. Fue la antesala de lo que sucedió en el minuto 38. Jugada con muchos rebotes a favor de España, La Roja no desiste y sigue tratando de lanzar a portería, Gayà chuta, el rechace le cae a Sarabia y el dorsal 22 de España fusila para el 1-1. De nuevo España se hacía con las riendas y Koke y Morata lo intentaban una vez más en los minutos 42 y 43. El descanso llegó tras una primera parte trepidante. Faltaba lo mejor.
La reanudación empezaba igual que el primer periodo. Tocaba y tocaba España, triangulaba con mucha paciencia y calidad. Croacia de nuevo tenía que pasar al plan de contención y aguardar una jugada propicia para la salida rápida de balón. A la llegada de La Roja en el 48, se sumó en el minuto 51 su primera ocasión. Ferrán Torres colgó un balón formidable, pero Sarabia falló al querer dársela a Morata. Misma jugada en el 54, esta vez con Pedri centrando, Sarabia se la da a Morata, pero los croatas en defensa son avispados. Sin embargo, nadie de Los Kockasti evitó lo que pasó en el minuto 57. Unai Simón para Azpilicueta, este para Pedri que se marca un jugadón y asiste a Ferrán Torres, el dorsal 11 cuelga el balón perfectamente desde la izquierda y aparece Azpilicueta para colocar un remate de cabeza imperial. 1-2 para España.
Croacia, herida en su orgullo, trató de reaccionar, pero entre el pésimo partido de Rebic y un Unai Simón que se redimió con su primera gran parada de la tarde para despejar el intento de Gvardiol, su reacción quedó anulada. En lugar de eso, lo que vino en el minuto 76 de choque fue el tercero de una España en su salsa. Entre los de apellido Torres fue la cosa. Pau colgó magistralmente un lanzamiento a balón parado, Ferrán controló el cuero con maestría, sentó a su marcador como los cracks mundiales y definió como lo hace un 9 de pura sangre. 1-3 en un baile tremendo de La Roja a su rival. Pudo llegar la sentencia en el minuto 83, pero Dani Olmo no estuvo acertado en su vaselina.
A buen seguro habrán varios motivos, entre ellos el orgullo de haber sido la finalista del Mundial 2018 y el amor propio, por no hablar de la casta que atesora. Que cada cual saque su conclusión, pero el caso es que Croacia resucitó en ocho minutos. España no consiguió rentabilizar del todo bien su ventaja y la selección de Zlatko Dalic se vino arriba con un Orsic que salió al campo en el 67 sustituyendo a Rebic. Si el seleccionador de Los Kockasti llega a saber que el dorsal 18 croata iba a encabezar tamaña revolución, de seguro le habría dado más minutos, eso cuanto menos. La cuestión es que Orsic aprovechó una jugada embarullada y marcó como lo hace un delantero centro, en su sitio y esperando para remachar. 2-3 y emoción en Hampden Park.
Sólo era el principio, faltaba más, empezando por empate que Pasalic logró en el 92 gracias a un centro maestro desde la parte izquierda del número 18 de Croacia, Orsic. 3-3, de la emoción se pasó a la locura. La casta de los croatas era un hecho, lograron levantar un resultado adverso ante el cual muchas selecciones habrían hincado la rodilla. La prórroga llegó con toda la incertidumbre del mundo. Los continuos giros de situación hacían imposible presagiar el final de este relato tan fascinante en el que solamente una de las dos continuaría navegando por los mares de la presente Eurocopa.
Orsic quiso proseguir con su revolución y casi marca al 91 de partido. En el minuto 96 el dorsal 18 seguía insistiendo y protagonizó una gran jugada desde la izquierda. El balón le llegó a Kramaric y este disparó con toda la intención del planeta, pero emergió alguien que dio toda una lección de lo que es para un portero recuperarse. Unai Simón ya había hecho una gran parada a Gvuardiol, pero esta fue la salvadora del cancerbero de La Roja. Algo volvió a hacer click en sus compañeros, en esta ocasión por una genialidad de intervención bajo palos, y España tomó una vez más las riendas del partido. Si Croacia tuvo en Orsic a su revolucionario, España lo encontró en Dani Olmo.
Poco le faltó al número 19 de La Roja para definir tras un taconazo de Jordi Alba, no obstante, en los minutos 100 y 103 acaparó gran parte del protagonismo. Primero al servirle mediante un centro maravilloso el cuarto gol a un Morata que paró el tiempo. Qué control tan exquisito y menuda manera de sacar el fusil para mandar a la escuadra el 3-4. Faltaba otro más. De nuevo Dani Olmo en acción con otra asistencia lujosa, Oyarzabal caza el balón y no perdona. 3-5 y delirio de la hinchada roja en las gradas. Hubiera sido un escándalo si Morata en el 105 de juego, realizando una jugada de crack, hubiese batido a Livakovic. Unai Simón también se marcó otra gran parada ante Kramaric en el 101.
Una Croacia nuevamente herida en su orgullo trató de volver a hacer la machada en forma de empate. Y de hecho, si Kramaric hubiese culminado la gran jugada que la selección de Zlatko Dalic labró, quien sabe qué aire hubiese podido coger el partido, pero Los Kockasti no pudieron reducir la diferencia a un solo gol. Es más, se demostró con el paso de los minutos que aquel había sido el último acto honorable de la subcampeona del Mundial 2018. España volvió a controlar los tempos y de no ser por Livakovic y el palo el castigo hubiese sido mucho más duro aún. Ni Morata ante el guardameta croata ni Dani Olmo estuvieron afortunados. Poco importaba a esas alturas.
Histórico. Esa es la palabra más que justa para un partido así, puede que el más emocionante del torneo, pero fijo que de momento entra en el podio. No se puede hacer otra cosa que dar las gracias a las dos selecciones protagonistas del encuentro y a sus jugadores, pues la inmensa mayoría de ellos lo dieron todo. Unai Simón arregló la pifia de la Eurocopa 2020 con tres paradas heroicas. Todo lo demás se resume en un toma y daca constante en el sentido de que una golpeaba y la otra reaccionaba. Croacia puso la casta y el acierto goleador, España tuvo dichas virtudes más un juego colectivo espectacular. Que no se diga que La Roja no tiene puntería, ha superado ese defecto con creces.
Muy digna rival Croacia, puede irse con la cabeza muy alta. Merecedora del triunfo una España que empieza a dar muestras de candidatura. Ahora bien, paso a paso. Por el momento vivamos el presente, la barrera de los Octavos de Final ha sido superada, nos esperan los Cuartos de Final y será un nuevo y apasionante reto. En una locura maravillosa de partido, España sigue avanzando cada vez más firme.