Krychowiak debe a sus compañeros de selección una buena explicación, además de una buena comida. Su torpeza al 61 y medio de partido le costó a Polonia muchísimo. Las Águilas hicieron lo más complicado, empatar nada más arrancar la segunda mitad ante una corajuda y meritoria Eslovaquia. A Los Halcones no les puede quitar ningún mérito, jugaron sus bazas, supieron qué hacer con el cuero, se adelantaron merecidamente, se repusieron poco a poco del mazazo psicológico de Polonia al 45 y medio de choque y lograron alzarse con una victoria merecida. Así son las cosas. Ningún jugador eslovaco le dijo a Krychowiak que cometiese una falta absurda sobre Hromada que pudo perfectamente haberse ahorrado. 1-2 al final del encuentro y la selección de Stefan Tarkovic suma tres puntos fenomenales.
Polonia puso el juego, pero Eslovaquia las primeras ocasiones, esa fue la diferencia. Las Águilas no sabían qué hacer con el cuero, Los Halcones lo tenían muy claro. Al minuto 2 apareció Lewandowski para realizar una de sus pocas intervenciones, sacar bien lejos un balón muy peligroso que pudo haber supuesto una ocasión manifiesta para Eslovaquia. En el 13 de partido, Duda chutó sin pensarlo dos veces, pero el esférico se marchó lamiendo el palo derecho. Avisaba el combinado de Stefan Tarkovic. Y ya lo dice el refrán, a la tercera es la vencida. Jugadón eslovaco desde la banda izquierda protagonizado por Mak, que deja sentados a dos contrarios y lanza con la diestra, el balón da en el palo derecho y rebota en Szczesny alojándose dentro. 0-1 merecido para una selección que plantaba cara sin complejos.
Polonia no sabía como perforar las defensas eslovacas, además de que Lewandowski estaba prácticamente desaparecido. Eslovaquia por contra calculaba muy bien cada jugada y buscaba matar a la contra. Entre los minutos 24 y 25 ambas gozaron de una ocasión cada una. La defensa de Los Halcones resolvió bien la llegada polaca, pero segundos más tarde no estuvieron finos de cara a la meta defendida por Szczesny y su oportunidad a la contra se desvaneció. Al 27 Kucka buscó un golazo por la escuadra, pero el balón rozó el larguero y se perdió. Tampoco en el minuto 32 pudo resolver Eslovaquia, Pekarik centró desde la banda derecha y Kucka volvió a probar fortuna con un remate de cabeza, pero Szczesny atrapó sin problemas. Sufrían Las Águilas de Paulo Sousa y más sin la inspiración de Lewandowski arriba. Al 33 y al 34 dispusieron de dos lanzamientos, pero ni Krychowiak ni Zielinski tuvieron puntería.
Las últimas jugadas del primer acto las protagonizaron Hamsik por parte de Eslovaquia y Lewandowski por parte de Polonia. El dorsal 17 de Los Halcones recibió una asistencia de un Duda que se marcó toda una jugada personal, pero el lanzamiento se fue desviado. El 9 polaco, tras un control majestuoso, probó suerte, pero no estuvo fino en el remate. Acababa de esta manera un primer tiempo en el que Eslovaquia merecía sin duda la victoria, mucha más claridad en sus jugadas. Polonia tenía el balón, pero sin saber qué hacer.
Las Águilas de Paulo Sousa debían reaccionar y el paso por los vestuarios les sentó de cine, puesto que en el 45 y medio igualaron el marcador. Fantástica triangulación, Rybus asiste a Linetty y este, pese a rematar defectuoso y tener algo de suerte, manda el balón al fondo de las mallas. 1-1 para Polonia ante una Eslovaquia que se esperaba de todo menos encajar en ese momento. Y es que Polonia era otra, sus jugadas cobraban mucho más sentido, las transiciones eran más verticales y sensatas y la velocidad mayor. Eslovaquia tuvo que achicar agua como buenamente pudo. Al 48 pudo marcar Zielinski, pero su lanzamiento no cogió los tres palos. En el minuto 50 lo intentó Klich tras centro de Bereszynski, pero el número 14 polaco disparó al muñeco con mucho a su favor. Aún y así, Polonia era muy reconocible, y eso que Lewandowski continuaba dando muy poca señal de participación.
Mientras Eslovaquia se recuperaba poco a poco del mazazo, Polonia proseguía con sus intentos sin éxito. Hasta que llegó el minuto que cambió el posible devenir del encuentro, el 61 y medio. Primer expulsado de la Eurocopa 2020. Krychowiak ya tenía una amonestación fruto de cortar una contra eslovaca en el 22 de partido. A saber en qué estaría pensando el dorsal 10 de Las Águilas, puede que Hromada le debiera unos cuantos cafés. Sea como fuere, la entrada sobre el dorsal 25 de Los Halcones fue muy fuerte, sin posibilidad de balón y de esas que son mucho más fáciles de ahorrarse que otra cosa. Doble amarilla, roja y Polonia viendo como su esfuerzo era banal. Si Eslovaquia ya empezaba a dar muestras de recuperación, lo del minuto 61 y medio fue adrenalina para los de Stefan Tarkovic. Siete minutos tardaron en liársela a Polonia.
Al 68 de partido, tras una ocasión de gol por parte de Haraslin que se marchó a córner, Eslovaquia no volvió a fallar. En el rechace tras el saque de esquina, Skriniar enganchó un derechazo al palo del portero y el 1-2 subió al marcador. Quizás pudieron haber hecho más los defensores polacos, tal vez Szczesny no se esperaba un lanzamiento desde esa posición, pero poco o nada importa a estas alturas, pues Eslovaquia encontraba un premio merecido a su gran partido, incluida la virtud de saber sufrir y aguantar como una valiente.
Los siguientes minutos hasta el 84 no ofrecieron ninguna ocasión clara, prueba de que el combinado de Stefan Tarkovic tenía el partido donde quería. La selección de Paulo Sousa no encontraba la manera de volver a activarse tras la mala pasada de Krychowiak. Y es que hay errores que pasan factura y lo peor es que pagan justos por pecadores. A partir del minuto 84 se asistió a los últimos intentos de Polonia para tratar, cuanto menos, de empatar. Fue en vano. Puchacz en el 84 tras un saque de esquina, Lewandowski y Glik al 87 en una en la que solamente debía de empujar el cuero cualquiera de los dos, Bednarek en el minuto 90 tras una gran jugada polaca desde la banda derecha en la que el dorsal 5 erró con mucho a su favor, y por último Swiderski al 93 lanzando al centro de la portería. Todos ellos lo intentaron, ninguno logró siquiera el empate.
El Estadio de San Petersburgo asistió a una meritoria victoria de una Eslovaquia que jugó muy bien sus bazas. Supo qué hacer con el balón, sus llegadas eran claras, marcó en momentos muy propicios, se recompuso de un mazazo como es encajar un tanto en la primera jugada de la reanudación, aprovechó su superioridad numérica y llevó el partido a su terreno en más de un compás del mismo. En otras palabras, una selección la de Stefan Tarkovic que demuestra tener personalidad, obtiene tres puntos valorados en oro y advierte a las demás del grupo que con ella tonterías cero. Polonia no se puede permitir más partidos así, mucho corazón y poco de cabeza. Eslovaquia tuvo ambas cosas y por ello es merecedora del triunfo.