Coppa Italia, Cuartos de Final, cita señalada en letras mayúsculas para los dos equipos de la ciudad de la moda de Italia, la ciudad de Milán. Inter-Milán, duelo metropolitano, Il Derby Della Madonnina copero. Un Derby así no puede pasar inadvertido, es literalmente imposible, siempre hay noticias. Por desgracia, no las hubo al cien por cien en honor al buen fútbol y a la deportividad. Hubo dos jugadores que resaltaron. Por parte de los locales Romelu Lukaku y por parte de los visitantes Zlatan Ibrahimovic. El 9 Neroazzurro y el 11 Rossonero, protagonizaron un momento bochornoso y miserable, una escena terriblemente indigna de cualquier liga de fútbol al dedicarse, justo antes del descanso, una serie de insultos propios de canis descerebrados que deberían estar en reformatorios.
El partido en su primera mitad era trepidante, con idas y venidas, un toma y daca magnífico. Hasta que sobrevino el susodicho encontronazo. Lo del belga del Inter es para que Conte le de una charla de manual, mejor dicho una segunda. Ahora que, mucho le tuvo que decir su míster en el descanso. Porque el muchacho pudo apagar el fuego de su cabeza, tener sangre fría y resultar crucial para la remontada y clasificación a Semifinales de su equipo. Al contrario que Ibrahimovic. El sueco estropeó la labor que el Milán estaba haciendo ante su vecino y que le estaba permitiendo ganar 0-1 desde el minuto 31 de encuentro. En primer lugar por un comportamiento penoso y en segundo por una entrada por detrás a Kolarov en el 58 que bien se podría haber ahorrado. Doble amarilla y a la ducha. Ironías del fútbol, fue el sueco el autor del golazo milanista.
Y es que Ibrahimovic es uno de esos futbolistas tan fenomenales manejando el cuero que poco tiene que hacer para probarlo. Tan sólo sacarse un latigazo raso y ajustado. No cabe duda de que, futbolísticamente hablando, se le ha concedido un don y se ha ganado ser un crack de talla mundial. Ahora bien, lo que este hombre atesora de genial como jugador, lo tiene de incorregible en lo que a usar el cerebro se refiere. Resulta increíble que un jugador, de 40 años nada menos, todavía tenga la mentalidad de un barriobajero. A estas alturas de su vida debe saber ahorrarse al mil por cien todo eso. Ya no solamente porque en cualquier estadio de fútbol sobra, sino por el bien de su Milán, para el cual esta cita era tan importante como para el Inter. Puede y debe caerle una sanción ejemplar, por si no basta la triste página deportiva que los de Pioli han escrito hoy.
Tres cuartos y medio de lo mismo merece Lukaku. Su sanción también debe ser notoria. Los insultos del belga fueron también muy bestias y pudo haber dado la puntilla a su Inter. Perdía 0-1, era el tiempo de descanso y el 9 Neroazzurro era incapaz de calmarse. A estas alturas hablamos de un jugador curtido en mil campos de fútbol. Un delantero con capacidad anotadora envidiable que tuvo una actitud inoperante. Menos mal que por allí pasaba Conte, un entrenador de raza y muy ejemplar. Las palabras del míster tuvieron que ser para que cualquiera que deseé entrenar tome nota. Pues afortunadamente para el Inter y para el propio Lukaku, el 9 de los locales salió en el segundo tiempo con la mente renovada y acabó siendo la cara de la moneda de los dos personajes protagonistas. Anotó desde los once metros, al 71 de encuentro, el gol que permitió al Inter colocar el 1-1. Ahora bien, el belga ya puede irse olvidando de las Semifinales.
El Derby podría haber sido un toma y daca precioso y por culpa de dos cromos terminó siendo un asedio del Inter, que no goleó por el meta milanista Tatarusanu. A la postre, ni el cancerbero rumano pudo evitar lo que llegó en el 97 de partido, con diez de alargue. Eriksen, el gran héroe interista, clavó con poesía un golazo de falta para que los Nerazzurri obtuviesen el 2-1 definitivo y accedieran a las Semifinales de la Coppa Italia con una página deportiva de las que otorgan enorme moral. Nada menos que una victoria contra el vecino en Il Derby Della Madonnina. Un final espectacular para maquillar el estropicio tan indigno que tuvo lugar en un partido que siempre posee muchísimos quilates.