Era Il Derby d´Italia, uno de los partidos que más vibraciones producen en el Calcio. Inter de Milán y Juventus saltaban al campo con dos objetivos claros en Giuseppe Meazza. Los locales para seguir asfixiando de lo lindo a su vecino, el líder de la liga hasta la fecha, el Milán. La Juventus para demostrar que aún tiene mucho que decir en esta liga y que su muy irregular andadura es perfectamente subsanable.
Al final, incluso dirán que el «beso» de Arturo Vidal al escudo de La Vecchia Signora en la elástica de Chiellini durante los prolegómenos al partidazo, fue un hechizo de «buona fortuna» para el Inter. Conforme salió el partido mucha gente puede optar a decir que sí. Pues este fue de todo menos placentero para los de Andrea Pirlo. El repaso que el Inter proporcionó a la Juventus no fue una goleada literal por los fallos locales, en especial por un irreconocible Lautaro Martínez. Aparte de eso, el Inter tiene todos los motivos de Italia para sonreír. La Juventus no tiene ninguno.
Tan sólo en el primer cuarto de hora quedó patente que el único de los dos que aparentaba haber comparecido al choque señalado en rojo por ambos era el Inter. Y eso que hubo un gol anulado a Cristiano Ronaldo en el 10, pero fue una anécdota. Al 12 de encuentro llegó la prueba del algodón. Barella, un as en el partido, proporcionó un centro mayúsculo para Arturo Vidal, que se dejó de besos y se pasó a los muelles de los dibujos animados para calzarse uno en cada bota, elevarse a los cielos y mandar el esférico a la red. 1-0 y mazazo fuerte para La Vecchia Signora. El Inter siguió disfrutando con el balón liderado por Lukaku, Achraf y Barella. Si no hubo más goles fue porque el que parecía que no estaba en el partido era Lautaro. Ya pudo dar gracias la escuadra de Pirlo de ir con sólo un gol por debajo cuando se llegó al descanso.
Los primeros instantes de la segunda parte confirmaron que solamente había un equipo en el campo. Ese era un Inter de Milán que logró el 2-0 por mediación de un Barella que se marcó un partido de lujo. Pase en largo de Bastoni y el 23 del Inter se planta ante Szczesny y lo bate por arriba con un toque sutil. Golazo, 2-0 y casi todo el pescado vendido. Tan sólo tres minutos después de esa obra de arte, a Lautaro le negaron el gol. El argentino esta vez lo hizo bien, pero la defensa de la Juventus también y el balón no entró. El argentino tampoco vería puerta al 71 de partido con una rosca que se le fue fuera. Aún y con estos fallos, el Inter hacía lo que quería, liderado sobre todo por un Barella que se coronó. La Juventus sólo pareció enterarse de qué partido disputaba y lo que se jugaba al 87 de encuentro, cuando Handanovic se tuvo que lucir ante el disparo que Chiesa se sacó de la chistera. Achraf, otro con gasolina inagotable, tuvo la última para el Inter, pero se le marchó arriba. El final del partido llegó con el 2-0.
O lo que es lo mismo, con un auténtico repaso de primer nivel de un Inter que pudo haber ganado fácil por cuatro o cinco goles. Ni rastro de la Juventus. Ese equipo que no da un duelo por perdido ni en Italia ni en Europa no compareció. Mucho ojo porque mientras que el Inter confirma más que nunca su plena candidatura, la Juventus puede ser medio apartada definitivamente de las aspiraciones ligueras si el Milán de Pioli gana su encuentro fuera de casa frente al Cagliari. Ahora mismo el Inter y la Juventus son la cara y la cruz de la moneda. Il Derby d´Italia fue testigo de ello. 2-0 con plena justicia.