Se disputaba en San Siro Il Derby dei Campioni. Milán y Juventus se veían las caras en uno de los partidos que más pasión desata en Italia y el mundo entero. El día el ideal, 6 de Enero, Reyes. Justo lo que son estos dos Clubes en Europa por historia y reputación. La Vecchia Signora estuvo más inspirada e inteligente, llevó el partido al terreno que quería y el Milán, con más corazón que cabeza, no supo ni pudo leer con corrección la dificultad que uno de sus eternos rivales le propuso en el verde. 1-3 al final del partido. Lo único bueno para el conjunto Rossonero es que sigue siendo líder, todo lo demás mejor olvidarlo. La Juventus todavía está rezagada en cuanto a la parte de arriba se refiere y aunque esta siempre es una victoria digna de celebrarse, no se puede permitir ni el más mínimo de los fallos, pues estos cada vez van a penalizar más a partir de ahora.
Parecía que en los ocho primeros minutos era el Milán el que salía más enchufado. Hasta ahí llegaron los de Pioli. Los de Andrea Pirlo tomaron el control durante los siguientes minutos y se notó. Su presencia en el área de Donnarumma era cada vez mayor y el Milán ya no carburaba como al principio del partido. En el 18 llegó lo que ya se empezaba a percibir con claridad. Pase en profundidad para Dybala que asiste a Chiesa, quien desde el centro del área con la diestra no perdona. 0-1 justo para la Juventus. Ese gol hirió el orgullo de un Milán que a partir de entonces dio un paso adelante, se creció, acumuló llegadas y ocasiones, hasta que finalmente logró lo que quería y en el momento más oportuno. 1-1 por obra de Calabria tras un contraataque en el que Rafael Leâo asistió para que el centrocampista fusilara a la escuadra. El gol milanista llegó justo antes del descanso suponiendo un golpe psicológico para la Juventus.
Los primeros quince minutos de la segunda parte tuvieron como protagonistas un número tremendo de faltas que afearon el partido, la frescura del primer tiempo ya no estaba, pero sí el saber ser listo y aprovechar las que tengas. Los que dieron ejemplo volvieron a ser Dybala como asistente y Chiesa como goleador. El uruguayo, otra vez desde el centro del área milanista, se sirvió en esta ocasión de su zurda. 1-2.
La Juventus jugó desde ese momento a una de las cosas que mejor sabe hacer, tener sangre fría. Pausó, durmió y se llevó el encuentro a sus aposentos esperando a tener alguna más para sentenciar. Los de Pirlo en eso son maestros. Al 75, todas las esperanzas del Milán para siquiera empatar se fueron al Limbo. Weston McKennie, que había sustituido a Dybala, puso punto y final. El Milán no supo en la segunda parte situarse en el partido ni tampoco jugar con el factor psicológico que le había supuesto lograr el empate al filo del descanso. Cualquier reacción posterior suya fue banal, ese fue el marcador final.
Fin al estatus de invicto por parte del Milán, todavía líder, tras quince partidos. No pudo ser en peor momento. En su campo, en el día de reyes, ante un eterno rival y con la oportunidad perdida de abrir brecha en la clasificación. Para la Juventus supone lógicamente una gran victoria, aparte de que para los de Pirlo era ganar en San Siro o despedirse de un gran porcentaje de aspiración al Scudetto, en especial en caso de derrota. Los de Turín ganaron y siguen vivos. En el Día de Reyes, en Il Derby dei Campioni, hubo una ganadora y una campeona, La Vecchia Signora, la Juventus de Turín.