El Levante UD cayó derrotado en su primer partido como local, o semi local según se mire. Sucumbió en La Cerámica de Villarreal frente al Real Madrid por 0-2. Los goles fueron obra de Vinícius Júnior en el 16 tras un saque de esquina y de Benzema al culminar un contragolpe en el último suspiro. El conjunto de Paco López fue demasiado respetuoso en la primera parte, así como durante el comienzo de la segunda. Cuando recuperó su verdadera versión tuvo las suyas, más un cabezazo de Vukcevic en el primer tiempo que se estrelló en el larguero. Esa fue la clave. El Levante erró las suyas, el Real Madrid acertó.
Y es que frente a los grandes como el Real Madrid de Zidane, o sales con pleno dinamismo y mucha contundencia al verde o ya puedes ir rezando. Ya sea por fondo de armario o porque esta clase de equipos necesitan muy poco para acertar, tienes todas las de morder la lona, a la corta, a la media o a la larga. El Real Madrid no juega vistoso, no es un equipo que enamore con su fútbol, de hecho hay un montón de equipos que cuidan el esférico bastante mejor que los blancos. Sin embargo, la cuestión central es que el conjunto de Chamartín no necesita jugar bien, le basta y le sobra con acertar frente a la meta contraria. De eso los merengues entienden un rato. Hoy volvió a quedar probado.
Salió el Levante UD irreconocible, muy pasivo, sin hilar jugadas, carente de esa frescura y soltura que los Granotas acostumbran a exhibir. No tardaron demasiado en pagarlo caro. Un saque de esquina en el minuto 16 de encuentro fue mal defendido por los de Orriols. Ahí el Real Madrid te suele castigar, se encargó Vinícius, que no perdonó frente a Aitor. Trató de reaccionar el Levante, tirando más de corazón y orgullo que de otra cosa, pero el Real Madrid estaba muy cómodo y no pasaba prácticamente ninguna clase de agobios. Caso aparte el balón que Vukcevic estrelló en el larguero recién pasada la media hora. El Real Madrid había acertado, el Levante UD se había topado con el larguero.
El comienzo de la segunda parte tuvo el mismo guion, con la diferencia de que el Real Madrid erró tres de libro para dejar sellado el encuentro. A partir de ahí el Levante despertó y Courtois surgió como figura entre los suyos. El cancerbero merengue evitó el empate en el 58. En el 60 lo hizo con un paradón. Antes de eso, en el 57, Paco López había movido ficha por doble partida. Vukcevic y Roger se marcharon, Melero y De Frutos les reemplazaron. El Levante se envalentonaba cada vez más, pero el remate de faena no llegaba. Paco López quemó naves en el 70 y 74, Morales se marchó y entró Dani Gómez, mientras que Radoja entró por Malsa. Zidane veía en apuros a los suyos y también intervino con cambios en el 70. Rodrygo y Lucas Vázquez salieron al verde por Asensio y Vinícius.
El Levante UD tuvo mucha presencia en la última media hora de encuentro, embotellando al Real Madrid y con una voluntad admirable, pero le faltó el gol, lo más importante en el Fútbol, en cualquier partido, pero quizás más aún si quieres tumbar al Real Madrid. Los Granotas no dejaban de tropezarse con Courtois y en otras jugadas no encontraron los pasillos para dar el pase acertado. Zidane movió ficha de nuevo en el 88 a sabiendas de que los suyos sufrían de lo lindo. Odegaard e Isco sustituyeron a Valverde y a Modric.
Al final todo se resolvió por la falta de puntería Granota y por el acierto incombustible de los merengues. En el 95 de partido Benzema hizo recordar a los de Paco López que quien perdona lo acaba pagando. La derrota del Levante frente al Real Madrid es comprensible por más de un motivo. Lo que no se puede ni se debe justificar es la pasividad que tuvo el conjunto de Orriols durante 60 minutos de encuentro, donde sólo se libró de una goleada mayúscula por los fallos que tuvo su rival. Los buenos minutos Granotas tienen como firma la falta de gol. El Real Madrid si marcó, he ahí la diferencia.
El Levante UD afronta un parón en el que debe seguir trabajando ciertas cosas. Aún hay que engrasar la maquinaria defensiva a niveles mayores y la puntería de cara al gol se debe vigilar. Por no hablar del hecho de que las siestas de una hora se echan en casa, no en el campo. No obstante, que no cunda el pánico, en términos generales las sensaciones son bastante positivas, queda un mundo por delante. Nada ha cambiado en cuanto al objetivo y en el hecho de que hay equipo de sobra para lograrlo. Ilusión y humildad.
MACHO LEVANTE