El Valencia es un estandarte de la imprevisibilidad, es como ese manjar nuevo que no conoces y lo debes probar por primera vez, te puede saber a gloria o a rayos fritos. Ante el Levante en el Derby del Turia la sensación fue la primera. Todo lo contrario sucedió en Balaídos ante el Celta de Vigo, donde los de Javi Gracia fueron desnudados por su rival durante prácticamente todo el encuentro. Primera derrota y con sensaciones preocupantes.
No ayudaron tampoco las decisiones arbitrales, todo sea dicho. Hubo acciones muy polémicas que afectaron al devenir del partido. El VAR concedió el 1-0 tras varios minutos de análisis de la jugada, si era posición legal o no queda para la opinión pública, lo hecho hecho está. El 2-1 del Celta vino precedido de una falta light, de esas que la mitad de los colegiados conceden y la otra mitad no. Gil Manzano la concedió. Por último en el minuto 86 hubo un posible penalti a favor del Valencia por una falta de Aidoo sobre Manu Vallejo, no lo consideraron así ni Gil Manzano ni el VAR.
Poco que decir sobre la primera parte acerca de un Valencia plagado de bajas. Cillessen, Mangala, Chéryshev, Carlos Soler y Kevin Gameiro faltaron a la cita. Por lo demás el primer tiempo valencianista se resume en que, de no ser por Kang-In Lee y Jaume Doménech, cualquiera hubiera creído que el Celta jugaba solo este partido. El equipo vigués hizo lo que quiso y cuando quiso. El 1-0 de Iago Aspas en el 13 de partido fue el único que campeó por el electrónico en la primera mitad porque el Celta no tuvo mejor puntería. Si tiras por la borda toda una primera mitad, apenas asomándote por las inmediaciones del guardameta rival, muy poco que hacer la verdad.
No se podrá acusar a Javi Gracia de no ser un entrenador valiente. Vaya si lo fue. Viendo que los suyos no funcionaban frente a un Celta liderado por Iago Aspas, realizó un doble cambio nada más comenzar el segundo acto. Un desafortunado Kang-In Lee dejó su sitio a un voluntarioso Jason Remeseiro y un Gonçalo Guedes, que sigue sin estar a tope físicamente, fue reemplazado por Manu Vallejo. Funcionó…durante ocho minutos. Una magnífica asistencia de Daniel Wass fue ejecutada de forma impecable por un Maxi Gómez que siempre aparece. 1-1 y el partido parecía que podía adquirir otro color. Fue un breve espejismo.
El Celta siguió a lo suyo. No bajaba el ritmo del partido, continuaba tocando y tocando, generando jugadas rápidas y tratando de desquiciar a la defensa che, y en el 57 de partido el Valencia retornó a su realidad en Balaídos. Una falta directa fue botada por Iago Aspas de forma exquisita. Golazo inapelable y 2-1 en el marcador. El Valencia no tenía de donde tirar desde el banquillo, la situación es la que es, y en las noches como hoy sobre el verde se recuerda por qué. Thierry Correia salió al terreno de juego por Vicente Esquerdo en el 74, y en el 84 Musah dejó su sitio a Rubén Sobrino. Nada cambió. El Valencia no ofreció argumentos convincentes ni para merecer empatar y el Celta no acabó goleando literalmente por los palos.
Una semana después de haber dado buenas noticias en el verde, el Valencia nos ha vuelto a recordar que es un conjunto imprevisible tanto para bien como para mal. Nunca sabes con que cara va a salir al terreno de juego en lo que se refiere a la actitud, y lamentablemente en la jornada número 2 de la recientemente iniciada Liga Santander mostró su cara negativa. Las consecuencias fueron que los de Javi Gracia encajaron su primera derrota oficial en la presente temporada. Toca reflexionar.